Por qué el castigo no funciona como disciplina

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Algunas familias todavía emplean el castigo físico. Existen sobradas razones para abandonarlo y reemplazarlo por una educación asertiva. Sin embargo, con tristeza veo en mi consulta, «apologistas del maltrato», convencidos de que fuerza es igual a disciplina. Para demostrar que el «garrote» no funciona te daré algunas razones.

MANO DURA
La «letra con sangre entra» permanece en el ideario familiar. Muchas veces me sorprende oir a los padres propugnar que la solución contra la indisciplina es imponer «mano dura». Pero más sorprendente es oir a esos mismos padres, lamentarse por haber recibido una «educación de hierro». Ellos conservan memorias dolorosas y resentimientos inconscientes que se manifiestan en el curso del tratamiento.

«A COCACHOS APRENDÍ»
Por fortuna, las cosas han cambiado un poco. Tiempo atrás se pensaba que el castigo era un método efectivo. Nuestra cultura abunda en ejemplos. Recuerdo haber leído en la escuela las «Tradiciones Peruanas», escritas por Ricardo Palma, donde «Al rincón quita calzón» retrata con humor el arraigado recurso del «nalgazo». Otro clásico escolar era «A cocachos aprendí» —entiéndase coscorrones—, poema de Nicomedes Santa Cruz, que consagró la palmeta como método:

A cocachos aprendí
mi labor de colegial
en el Colegio Fiscal
del barrio donde nací  [...]

Yo creo que la palmeta
la inventaron para mí,
de la vez que una rompí
me apodaron “mano 'e fierro”,
y por ser tan mataperro
a cocachos aprendí [...]

Asimismo, el castigo o maltrato físico puede incluir formas como el zarandeo, jalón de orejas, bofetadas, etc., acompañadas de insultos, humillaciones, desvalorización, amenazas de abandono o la «ley del hielo».

Para aquellos padres que aún defienden el castigo físico —pocos felizmente— ya que ignoran sus efectos negativos, les daré 14 razones para demostrar su inadecuación.

Razón 1: 
La meta de la disciplina es la autodisciplina. Los niños tienen que aprender a controlar sus propias conductas en ausencia de los padres —lograr autocontrol—. Este objetivo es incompatible con el castigo que no es otra cosa que control externo.

Razón 2:
La misión de los padres en etapas tempranas consiste en establecer la «confianza básica» —piedra angular de la estabilidad emocional en la adultez— no la inseguridad o temores infantiles.

Razón 3:
En general quienes administran el castigo son padres inmaduros y con escaso control emocional que pretenden disciplinar en medio de una explosión iracunda.

Razón 4:
Porque se ignoran mejores alternativas o no les interesa aprender nuevas herramientas, por ejemplo, asistiendo a un taller de padres. Mayormente ante una falta, reaccionan gritando o «levantando la mano» —respuesta habitual o estereotipada—.

Razón 5:
Cuando maltratas físicamente estas modelando un comportamiento agresivo que el niño, como espejo, replicará en el futuro. Es común ver a un niño maltratado, golpear a otros niños o a sus hermanos.

Razón 6:
Muchos niños maltratados siendo adultos, repiten los mismos patrones de crianza con sus hijos. Lamentablemente la agresión se perpetúa de generación a generación. 

Razon 7:
No funciona porque se acompaña de insultos y comparaciones que devaluan la autoestima. Es evidente que un niño con baja autoestima tendrá más problemas de conducta.

Razón 8:
No funciona porque tras el castigo, el niño solamente entiende que hizo algo malo pero no recibe suficiente información de la conducta esperada y las consecuencias de incumplirla. Esto sí puede lograrse mediante reglas.

Razón 9:
En consecuencia, no funciona porque en lugar de castigar es mejor establecer reglas claras desde el principio. Una adecuada educación está basada en la interiorización de reglas y la convicción de hacer lo correcto.

Razón 10:
Cuando el castigo es el método de elección se pierden mejores alternativas como ejemplificar o modelar la conducta deseada —lo que esperamos del niño— y recompensar sus avances en dirección a la meta.

Razon 11:
No es adecuado el castigo pues en nombre de la disciplina se cometen excesos y abusos físicos y psicológicos que requieren terapia en la adolescencia.

Razón 12:
Por otro lado, para evitar el castigo los niños aprenden estrategias de evitación o escape. El aislamiento, manipulación, mentiras, etc., son conductas frecuentes.

Razón 13:
El maltrato o castigo funciona a corto plazo pero a la larga produce «habituación», es decir, repetirlo hace que pierda su efecto con el tiempo.

Razón 14:
Igualmente es inadecuado porque los niños asocian amor con sufrimiento. Una madre refería que su hija pequeña le pedía castigo físico. Según me explicó, sus compañeras de escuela compartían la errónea idea de que castigar era una señal de amor. Esto también parece ser el «credo» de tantos adultos que suspiran por las nalgadas de antaño.

En definitiva, la mejor alternativa es la disciplina asertiva que es un método basado en reglas de conducta y según la etapa infantil, pero de esto hablaremos en próximas publicaciones. Si te ha gustado el artículo, no dejes de comentar.

Psicólogo Renzo Angel
rbenvenuto@doctor.com

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HORIZONTE es una revista de psicología, salud y bienestar auspiciada por el Centro Cognitivo Analítico y dirigida por el psicólogo RENZO ANGEL BENVENUTO. Consultas al Telf: (+51)997331611 o al Email: rbenvenuto@doctor.com

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