La trampa de la autocrítica

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Las personas identifican la autocrítica como señal de madurez. Sin embargo, no toda autocrítica es buena para el crecimiento personal. La autocrítica que emplea calificativos negativos o etiquetas («soy un cerdo», «soy estúpido», «soy un manojo de nervios»), es dañina porque crea estereotipos muy alejados de la realidad. De modo que, dependiendo de la etiqueta que usemos, podemos vernos inferiores. La siguiente metáfora ilustra como un cliché puede distorsionar el verdadero valor de las cosas:


Cliente difícil
El cliente pide el mejor vino del hotel. Al instante, el camarero aparece con una botella y sirve la copa.
—Pero... ¿Qué me ha traído? ¿Acaso no le pedí lo mejor? —Reclama el cliente— ¡El sabor y aroma de este vino son de segunda clase! ¡Tráigame otro enseguida!
El camarero corre a la cocina y para su sorpresa no había más vino. «Piensa, piensa, piensa» —se dice. Por fortuna, encuentra una botella vacía de vino francés.
Hábilmente reemplaza la etiqueta del vino que había servido con la etiqueta del vino francés.
De regreso en la mesa, el camarero sirve otra copa al cliente, mientras éste mira fijamente la etiqueta de la botella.
—¡Hum... delicioso! ¡Este sí que es un buen vino! —exclama el cliente. ¡Se ha ganado una buena propina!

El vino no era malo. Sólo la etiqueta lo hacia ver inferior. Igualmente, la autocrítica en forma de etiquetas suele crear imágenes distorsionadas y alejadas de la realidad. Estas etiquetas alteraran nuestra percepción haciéndonos ver inferiores o de «segunda clase» ocultando el verdadero valor. Esta distorsión en la manera de pensar es conocida como etiquetación.

Etiquetación
Se denomina «etiquetación» al uso de calificativos negativos o etiquetas para describirse a sí mismo, en vez de describir con exactitud sus cualidades, defectos o errores. Es un tipo muy dañino de autocrítica. Si alguien fracasó en un examen entonces eso le convierte en un «fracasado»; si alguien aumentó 5 Kg de peso eso la convierte en una «vaca»; si alguien perdió el empleo eso le convierte en un «inútil» y los ejemplos podrían continuar. Esta manera de describirse a sí mismo tiene en fuerte impacto sobre la autoestima. Las personas con baja autoestima aplican, frecuentemente, etiquetas respecto a su apariencia, conducta, y experiencias.

Estas son algunas frases que suelen decirse:
-«Soy un fracasado»
-«Mi casa es una pocilga»
-«Mi título universitario es un papel mojado»
-«Soy un neurótico»
-«Soy estúpido»
-«Soy una nulidad»
-«Todos mis esfuerzos son inútiles»
-«Soy una vaca»

Cambiar de etiqueta
Las etiquetas negativas normalmente son falsas porque sólo contemplan una única característica o conducta. El cometer un error no convierte a nadie en un «perfecto inútil» o ser víctima de infidelidad no convierte a nadie en «fracasado» en el amor. Los seres humanos somos un conjunto de cualidades y conductas.

Es imposible que una sola etiqueta pueda definir globalmente a una persona. La mejor forma de librarse de las etiquetas consiste en ser específico a la hora de describirse a sí mismo y referirse al comportamiento o situación más que a la persona:

Frases incorrectas
-«Soy un fracasado»
-«Soy un manojo de nervios»
-«Soy una nulidad, un torpe»
-«Soy una vaca»

Frases correctas
-«Fracasé en el examen de ayer»
-«Me sentí nervioso en la primera cita»
-«Olvidé una cifra en el reporte de ventas»
-«He subido 5 Kg. de peso este mes»

Psicólogo Renzo Angel
rbenvenuto@doctor.com

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HORIZONTE es una revista de psicología, salud y bienestar auspiciada por el Centro Cognitivo Analítico y dirigida por el psicólogo RENZO ANGEL BENVENUTO. Consultas al Telf: (+51)997331611 o al Email: rbenvenuto@doctor.com

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