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7 mitos sobre la asertividad

13:00 Add Comment

No obstante las ventajas de la asertividad, existen algunos mitos que conviene señalar ya que cuando no es efectiva surge la frustración. Entonces se escuchan comentarios como: «No me sirve por más que lo intento», «Nunca seré una persona asertiva», «Ya me cansé, mejor dejo las cosas como estaban», entre otros. He listado 7 mitos que las personas suelen tener.

LA ASERTIVIDAD ES DEFENSA PERSONAL
La asertividad es la defensa de derechos, opiniones, y deseos de manera adecuada —aunque no es su único objetivo—, sin ofender o agredir. Esta es la mejor manera de comunicarse. Además, la asertividad supone el conocimiento de los derechos asertivos.

DERECHOS ASERTIVOS
Una razón que explica las deficiencias en asertividad es, sin duda, el ignorar los derechos asertivos. Por ejemplo: el derecho a rechazar una petición, decir "no";  el derecho a cometer errores; a ser tratado con dignidad y respeto; a tener opiniones y creencias propias; a opinar distinto a la mayoría, etcétera. Te invito a conocer más derechos:


BENEFICIOS DE LA ASERTIVIDAD
Asimismo, la conducta asertiva, en contraste a la no-asertiva —la asertividad es una alternativa a dos conductas sociales extremas en las relaciones: pasividad y la agresividad—, mejora los lazos familiares, sociales y laborales pues las personas asertivas utilizan la empatía para ponerse en la piel del otro y tratar de entender sus necesidades y emociones. Para ver más beneficios te invito a leer:


DEL MITO AL HECHO
No obstante los beneficios de la asertividad, existen algunos mitos que conviene mencionar ya que cuando no es efectiva surgen la frustración y el desánimo:

1. La asertividad es infalible
Despues de completar el entrenamiento asertivo, muchos clientes lamentan no conseguir sus objetivos sociales. El comentario más recurrente es: «No sé que sucede pero a mi no me funciona». En efecto, la asertividad no es la «panacea» que resolvera todos tus problemas. Debemos recordar que aunque seamos asertivos, no podemos controlar las reacciones de las otras personas. Ellas presentarán oposición al logro de tus propósitos.

2. La meta es ser una persona totalmente asertiva
Aunque luego del entrenamiento se modifican las conductas pasivas y/o agresivas, sustituyéndolas por repertorios de conductas asertivas, nadie es totalmente asertivo —asertividad al 100%—. Siempre habrán nuevos retos en las relaciones sociales donde probablemente no serás asertivo.

3. Después de un taller o dos, me volveré una persona asertiva
Nadie se vuelve asertivo de una día para otro, en especial las personas que previamente muestran alto grado de inhibición emocional. Ellas necesitan trabajar intensamente en el manejo de emociones y creencias que limitan la expresión de una adecuada asertividad. En este caso, solo es cuestión de esfuerzo sostenido y fuertes dosis de paciencia.

4. Si soy asertivo los demás responderán positivamente
Hay situaciones donde es inútil actuar asertivamente —no lograrás una respuesta positiva— no importa el grado de habilidad adquirida. Por ejemplo, sería estéril demandar muestras de respeto a una persona drogada o «pasada de copas». Emplear o no la asertividad requiere ser criterioso.

5. Me sentiré mejor si soy asertivo
Si bien la idea detrás de la asertividad es sentirse mejor consigo mismo, no siempre es el caso. Las otras personas —sobre todo las neuróticas— responderán con hostilidad, manipulación o evasivas para prevalecer —la herramienta más utilizada es hacerte sentir culpable—. Por eso debes estar atento a estas conductas y manejar tus emociones, de lo contrario te sentirás peor defendiendo tus derechos.

6. Necesito motivación para ser asertivo
La asertividad no depende necesariamente del estado de ánimo. No se trata de decir: «Hoy desperté con ganas de ser asertivo, intentémoslo». Lo que se busca es que la asertividad se convierta en un hábito, en una «segunda piel». Cuando alcances este nivel será más fácil su expresión y no necesitarás el combustible de la motivación. Dime ¿Necesitas motivación para cepillarte los dientes o lo haces porque es un hábito diario?

7. La asertividad no me funciona por eso no volveré a intentarlo
La adquisición de cualquier habilidad se logra por aproximaciones sucesivas. Los fallos iniciales solamente te acercan a la meta. Es normal que los primeros intentos no sean satisfactorios —quizás el argumento no es sólido o la conducta no-verbal es inadecuada—. Lo importante aquí consiste en detectar los fallos y corregirlos. Por otro lado, la tendencia a «tirar la toalla», es decir, volver a las conductas pasivas o agresivas, podría revelar «baja tolerancia a la frustración» que es un asunto a tratar separadamente.

Estos y otros mitos serán desarrollados ampliamante en mis próximos libros. Todavía hay algunos más que se encuentran en la consulta clínica. Si te gustó el artículo, no dejes de comentar. 

Psicólogo Renzo Angel
rbenvenuto@doctor.com

Por qué el castigo no funciona como disciplina

14:00 Add Comment

Algunas familias todavía emplean el castigo físico. Existen sobradas razones para abandonarlo y reemplazarlo por una educación asertiva. Sin embargo, con tristeza veo en mi consulta, «apologistas del maltrato», convencidos de que fuerza es igual a disciplina. Para demostrar que el «garrote» no funciona te daré algunas razones.

MANO DURA
La «letra con sangre entra» permanece en el ideario familiar. Muchas veces me sorprende oir a los padres propugnar que la solución contra la indisciplina es imponer «mano dura». Pero más sorprendente es oir a esos mismos padres, lamentarse por haber recibido una «educación de hierro». Ellos conservan memorias dolorosas y resentimientos inconscientes que se manifiestan en el curso del tratamiento.

«A COCACHOS APRENDÍ»
Por fortuna, las cosas han cambiado un poco. Tiempo atrás se pensaba que el castigo era un método efectivo. Nuestra cultura abunda en ejemplos. Recuerdo haber leído en la escuela las «Tradiciones Peruanas», escritas por Ricardo Palma, donde «Al rincón quita calzón» retrata con humor el arraigado recurso del «nalgazo». Otro clásico escolar era «A cocachos aprendí» —entiéndase coscorrones—, poema de Nicomedes Santa Cruz, que consagró la palmeta como método:

A cocachos aprendí
mi labor de colegial
en el Colegio Fiscal
del barrio donde nací  [...]

Yo creo que la palmeta
la inventaron para mí,
de la vez que una rompí
me apodaron “mano 'e fierro”,
y por ser tan mataperro
a cocachos aprendí [...]

Asimismo, el castigo o maltrato físico puede incluir formas como el zarandeo, jalón de orejas, bofetadas, etc., acompañadas de insultos, humillaciones, desvalorización, amenazas de abandono o la «ley del hielo».

Para aquellos padres que aún defienden el castigo físico —pocos felizmente— ya que ignoran sus efectos negativos, les daré 14 razones para demostrar su inadecuación.

Razón 1: 
La meta de la disciplina es la autodisciplina. Los niños tienen que aprender a controlar sus propias conductas en ausencia de los padres —lograr autocontrol—. Este objetivo es incompatible con el castigo que no es otra cosa que control externo.

Razón 2:
La misión de los padres en etapas tempranas consiste en establecer la «confianza básica» —piedra angular de la estabilidad emocional en la adultez— no la inseguridad o temores infantiles.

Razón 3:
En general quienes administran el castigo son padres inmaduros y con escaso control emocional que pretenden disciplinar en medio de una explosión iracunda.

Razón 4:
Porque se ignoran mejores alternativas o no les interesa aprender nuevas herramientas, por ejemplo, asistiendo a un taller de padres. Mayormente ante una falta, reaccionan gritando o «levantando la mano» —respuesta habitual o estereotipada—.

Razón 5:
Cuando maltratas físicamente estas modelando un comportamiento agresivo que el niño, como espejo, replicará en el futuro. Es común ver a un niño maltratado, golpear a otros niños o a sus hermanos.

Razón 6:
Muchos niños maltratados siendo adultos, repiten los mismos patrones de crianza con sus hijos. Lamentablemente la agresión se perpetúa de generación a generación. 

Razon 7:
No funciona porque se acompaña de insultos y comparaciones que devaluan la autoestima. Es evidente que un niño con baja autoestima tendrá más problemas de conducta.

Razón 8:
No funciona porque tras el castigo, el niño solamente entiende que hizo algo malo pero no recibe suficiente información de la conducta esperada y las consecuencias de incumplirla. Esto sí puede lograrse mediante reglas.

Razón 9:
En consecuencia, no funciona porque en lugar de castigar es mejor establecer reglas claras desde el principio. Una adecuada educación está basada en la interiorización de reglas y la convicción de hacer lo correcto.

Razón 10:
Cuando el castigo es el método de elección se pierden mejores alternativas como ejemplificar o modelar la conducta deseada —lo que esperamos del niño— y recompensar sus avances en dirección a la meta.

Razon 11:
No es adecuado el castigo pues en nombre de la disciplina se cometen excesos y abusos físicos y psicológicos que requieren terapia en la adolescencia.

Razón 12:
Por otro lado, para evitar el castigo los niños aprenden estrategias de evitación o escape. El aislamiento, manipulación, mentiras, etc., son conductas frecuentes.

Razón 13:
El maltrato o castigo funciona a corto plazo pero a la larga produce «habituación», es decir, repetirlo hace que pierda su efecto con el tiempo.

Razón 14:
Igualmente es inadecuado porque los niños asocian amor con sufrimiento. Una madre refería que su hija pequeña le pedía castigo físico. Según me explicó, sus compañeras de escuela compartían la errónea idea de que castigar era una señal de amor. Esto también parece ser el «credo» de tantos adultos que suspiran por las nalgadas de antaño.

En definitiva, la mejor alternativa es la disciplina asertiva que es un método basado en reglas de conducta y según la etapa infantil, pero de esto hablaremos en próximas publicaciones. Si te ha gustado el artículo, no dejes de comentar.

Psicólogo Renzo Angel
rbenvenuto@doctor.com

Pensamiento Positivo: Claves para vivir sin amargura N°2

16:35 Add Comment

Mi nuevo libro PENSAMIENTO POSITIVO: CLAVES PARA VIVIR SIN AMARGURA N° 2, ya está a la venta en la web de AMAZON. ¿Te levantaste con el pie izquierdo? ¿Olvidaste las llaves del coche? ¿Llegaste tarde al trabajo? ¿Tropezaste con un cliente malhumorado? ¿Sientes que todo anda mal y el día se pondrá peor? Es seguro que deseas mandar todo al diablo, ir casa y meterte en la cama. Un cocktail de emociones te inundan —cólera, frustración, tristeza— y no sabes como salir del agujero. Tranquilo, muchos tenemos un «mal día», pero lo importante es no perder la perspectiva.

No podemos evitar ciertas situaciones durante un «mal día», pero sí tenemos elección de cambiar de actitud. Según la psicología cognitiva, hacer un drama de todo —terribilizar— derivan en estallidos de amargura y frustración. Frases como «no lo soporto», «esto es terrible», «es desastroso», «estoy arruinado» o juicios similares, nos hacen perder el sentido de la proporción. Necesitamos ser más precisos y/o constructivos en nuestros pensamientos pues nada es tan terrible. Esto no es mover el péndulo hacia el optimismo ingenuo sino hacia el realismo basado en evidencias.

En lugar de visitar el «lado oscuro» ¿No sería mejor una actitud serena? A fin de cuentas, siempre hallaremos obstáculos en la vida, pero nosotros decidimos su significado. En efecto, si piensas: «A veces no podemos estar alegres, pero es posible estar en paz», «No todo tiene que ser perfecto para poder ser feliz», o «Preocuparse y frustrarse no cambia la realidad», escaparás, sin duda, del carrusel emocional. Mi objetivo es, precisamente, guiarte a través del libro hacia «aguas tranquilas»; hacia un estado de bienestar. Pero, como descubrirás leyendo sus páginas, esto implica cambiar la forma de pensar.





Psicólogo Renzo Angel
rbenvenuto@doctor.com

25 tipos de personas tóxicas

12:55 Add Comment

¿Tienes alguien envidioso a tu lado? ¿Tu pareja se molesta por todo? ¿No puedes lidiar con un jefe abusador? Estas personas tienen en común su grado de toxicidad. Seguramente has experimentado lo difícil que son las relaciones bajo estas condiciones. Hablemos de las personas tóxicas y cómo sobrevivir a sus ataques.

El HOMBRE/MUJER TÓXICO
En general es una persona cercana —tu pareja, tu jefe, tu compañero de trabajo, tu vecino, etcétera— que descarga sobre ti su negativismo, hostilidad, manipulación, vampirismo psicológico u otra conducta disruptiva. Frente a esto las reacciones son múltiples. Primero, surge la ansiedad, cólera, tristeza o frustración; segundo, te sientes mal contigo mismo y con menos autoestima; tercero, explotas o exudas hostilidad aunque seas una persona pacífica; cuarto, te sientes utilizado y sin energía; y quinto, solo descansas cuando esa persona no esta presente.


MÁS ALLÁ DE LAS ETIQUETAS
No me inclino a calificar a las personas como tóxicas. Mi mayor reparo se debe al uso de etiquetas. Rotular a alguien como tóxico es demasiado restrictivo según mi opinión. Los seres humanos somos una amalgama de atributos y/o cualidades imposibles de condensar en una etiqueta. Decir, por ejemplo, que fulano es «envidioso» o mengano es «arrogante» es una sobresimplificación que nos impide ver más allá.

Por otro lado, reconozco que existen patrones de conducta recurrentes y destructivos en las relaciones y asignarles una categoría —avaricioso, chismoso, manipulador u otras más— nos permite estar atentos a estas acciones y prepararnos mejor para hacerles frente. En este sentido, si veo la utilidad de las etiquetas.

LISTA NEGRA
Por eso me apoyaré en el libro «Kárate Mental, Como Gestionar Personas y Situaciones Difíciles», de Bernabé Tierno, quien hace una amplia clasificación de las personas tóxicas, para elaborar la siguiente lista:

El envidioso
No soporta tus éxitos y dedica su tiempo a expiar tus logros no para imitarte, sino para criticarte y resaltar todo cuanto haya en ti que sea criticable. Si te hace sentir mal, él se siente bien. Un proverbio árabe dice que «Solo se tiran piedras al árbol cargado de frutos». Si te envidia, es porque vales.

El descalificador y menospreciativo
Trata de minar y menoscabar tu autoestima, menospreciando lo que dices o haces, sea lo que sea. Duda de tus méritos y de tus esfuerzos, resalta tus errores, los magnifica y pone en tela de juicio tus triunfos.

El espíritu de contradicción
Es aquel que, sea cual sea tu opinión y por más que defiendas algo que es evidente, siempre te lleva la contraria, a ti y a todo el mundo. El no iniciado y desconocedor de este tipo de personas intenta una y otra vez dar razones más claras y demoledoras, pero pierde el tiempo.

El falso, embaucador y aprovechado
Vive con una permanente máscara, tratando de venderse como alguien que no es, mostrando una vida  que no tiene. Habla de sí mismo constantemente, ya sea para mostrarse como el mejor, el más rico, el más sacrificado, o bien el más denostado perseguido o vilipendiado. Lo que le importa es ser más que nadie, en lo que sea, para sentirse admirado o envidiado.

El conformista, el temeroso y acobardado
Prefiere quedarse donde está, que las cosas pasen y soportarlo todo sin rechistar. Su conformismo negativo y destructivo le impide tomar decisiones imprescindibles  en situaciones  críticas o cambiar cuando hay que cambiar. Su visión limitada y pobre de sí mismo y de la vida le instala en una monotonía recalcitrante  que contagia fácilmente a los demás y le impide crecer como persona, evolucionar y progresar.

El avaricioso
Su necesidad extrema de tener cosas y atesorar riquezas le lleva a necesitar cada vez más porque, por más que tenga, jamás se dapor satisfecho. Por eso, el problema más grave del avaricioso es que «teniendo, no tiene». Necesita tanto porque en realidad es el tipo más menesteroso y necesitado del mundo.

El chismoso correveidile
Para granjearse amistades y beneficiarse de algún modo, este cotilla de fábrica vive para airear todos los secretos de alcoba y las más escabrosas intimidades de todos. Él enriquece con toda clase de detalles lo que los demás no quieren que sea de dominio público bajo ningún concepto.

El astuto deshonesto y caza oportunidades
Vive de apropiarse ideas de los demás que sabe hacer suyas. Él triunfa porque hace trabajar a los demás prometiéndoles trabajo o cualquier tipo de ayuda; los pone a trabajar en proyectos que luego desecha, pero se queda con el sudor, el tiempo y las ideas de gente inocente, inteligente y trabajadora. Es un experto manipulador, sin conciencia ni principios.

El perfeccionista y eterno insatisfecho
Para él nada está bien y nadie lo hace nunca a su gusto. Tiene escondida una necesidad patológica de ser aceptado y reconocido que arrastra seguramente desde la cuna. Su rigidez le hace conflictivo, incómodo y hasta insoportable. El perfeccionismo puede degenerar en neurosis grave.

El quejica, quisquilloso y amargado
Tiene una visión pesimista y negativa del mundo,  de  la  vida  y de las personas. Para  él todo es un desastre y nada merece la pena. Su inestabilidad es contagiosa y enfermiza. Se ocupa en preocupar.

El irresponsable crónico, holgazán y caradura
Es lo que coloquialmente llamamos un viva la Virgen, que carga las propias responsabilidades y trabajos sobre las espaldas de algún bonachón. Sabe delegar en personas más competentes y se reserva para él los trabajos más fáciles y gratificantes, los reconocimientos y las felicitaciones.

El jeremías victimista
Se pasa la vida lloriqueando, haciéndose la víctima y demandando compasión. Decía Tácito que los que más se lamentan son los que menos sufren. Son peligrosos, pues desgastan tu energía cada vez que te cuentan lo mal que les va. No aceptan tus consejos, solo quieren compasión. Cuidado, no te vayas a convertir en víctima de un victimista porque estarás perdido.

El furibundo cascarrabias
La ira, su indignación, su rencor y su rabia son su mayor problema. Es imposible la convivencia con un cascarrabias, que  al tiempo es un iracundo compulsivo e irreflexivo, incapaz de serenarse y controlarse.

El manipulador fino
Pone a su servicio a los más vulnerables, tímidos, capaces, abnegados e incapaces de decir no. Se rodea de personas manipulables y obedientes, sumisas y que necesitan agradar, que a su vez son extraordinariamente capaces y trabajadoras en extremo; las pone a su servicio y hace que se sientan obligadas a hacer lo que él les encargue.

El guardián de la moral, justiciero «busca culpables»
Es hipócrita, vivo ejemplo del «sepulcro blanqueado» del que habla Jesús de Nazaret. Se ofende por todo; distorsiona todo aquello con lo que no está de acuerdo y carga los errores sobre los demás. Va de perfecto y justo por la vida, cuando es un amoral.

El trepa, despiadado, perverso
Va pisando cabezas, atribuyéndose méritos, pisando a los demás y criticándoles despiadadamente para minar su prestigio y quitarles la posición de privilegio y de prestigio y arrebatarles el puesto que ocupan.

El dependiente, sumiso, obediente y sin personalidad
Vive para satisfacer y agradar a los demás, de los que busca aprobación y protección. Tiene una baja autoestima y confía poco en sí mismo. Necesita que alguien le diga constantemente lo que tiene que hacer, le dé seguridad y le defienda.

El soberbio, arrogante y autoritario
Su complejo de superioridad le conduce a pensar que tiene la razón en todo, que está por encima del bien y del mal. Como el pavo real, se hincha como un globo, pero está vacío. Las malas formas le pierden.

El peleón
Irrespetuoso, provocador, hostil, terco, criticón, siempre está dispuesto «defenderse» atacando a la yugular. Le encanta llevar la contraria, incluso cuando está de acuerdo contigo. Es bravucón. Si oye o le dicen algo que afecta a su seguridad, se pone a la defensiva, dispuesto a iniciar el combate.

El adicto al trabajo
Trabaja bajo presión y cumple sus compromisos dentro del plazo previsto. Si es jefe, es muy exigente y no entiende que los demás necesiten desconectar y que la vida es algo más que trabajar a destajo.

El adicto a tener razón
Discute por todo de forma primaria y con violencia verbal como si le fuera la vida en que los demás se sometan a sus dictámenes. No tener razón le hace sentirse como desnudo, inseguro, sin entidad, desprotegido.

El cumplidor, seguro de sí mismo y francotirador
Trata a sus compañeros competentes y responsables con todo el respeto, porque se vuelcan en su trabajo y son eficaces como él. No soporta ni tolera a los incompetentes e irresponsables y menos a los gandules. No soporta a los jefes que no saben serlo ni a los que no saben mandar.

El chantajista
Sabe cosas de los demás que ellos no desearían por nada del mundo que salieran a la luz o que a ellos les da verdadero pavor que salgan a la luz. Conoce secretos inconfesables y amenaza con hacerlos públicos y arruinar la vida, la fama, el prestigio social, la paz y el equilibrio del hogar a personas a quienes tiene atemorizadas. Les hace chantaje pidiéndoles dinero, bienes o cualquier otra cosa valiosa a cambio de no hacer público su secreto. Es uno de los tipos más miserables.

El narcisista
Egocéntrico, inseguro, arrogante y presumido, solo sabe hablar de sí mismo hasta tal punto de que consigue exasperar a todos los demás. Está obsesionado consigo mismo, y si habla contigo es para que le expliques cosas de él.

El expansivo
Cree que el mundo le pertenece. No está consciente de sus límites e invade espacios físicos y/o psicológicos. Piensa tener el derecho de apropiarse y hacer  uso de objetos que no le pertenecen —ropa, libros, trabajos, proyectos etcétera—. Por supuesto su frase es: «Mejor pedir perdón que pedir permiso».

GUÍA DE SUPERVIVENCIA
La dificultad aumenta si lo que llamamos «tóxico» es realmente una «neurosis de carácter» o trastorno de personalidad como hoy se denomina. Recomendamos terapia psicológica en estos casos. De no ser así, puedes seguir estos principios para mantenerte a flote.

—Refuerza tu autoestima de diversas maneras pues es común recibir críticas, desvalorización y/o  ataques de una persona tóxica. Resiste y no te sientas menos que nadie.

—No permitas que te consuma el sentimiento de culpa. Entre las personas tóxicas, es frecuente manipular a los demás usando la culpa como espada.

—Si puedes terminar esa relación es mejor. No te beneficia en nada y, peor aún, deteriora tu salud.

—Si no puedes terminar la relación —la persona tóxica es la pareja o el jefe— aprende a poner límites físicos y psicológicos.

—Además de los límites, tu mejor aliado será el comportamiento asertivo que es una forma de comunicación donde haces valer tus derechos respetando a la otra persona.

—Necesitarás elevar la «tolerancia a la frustración» y soportar cada vez más situaciones desagradables.

—Reconoce tus propios patrones tóxicos que a veces te mantienen ligado a otra persona tóxica. Por ejemplo, una persona «sumisa» a menudo forma una alianza patológica con una persona «segura de sí misma» —por supuesto, a nivel inconsciente—.

—Evidentemente, busca la compañía de personas tónicas, aquellas que sacan lo mejor de ti, están de buen humor y tienen madurez emocional.

En nuevas publicaciones hablaremos de las personas tóxicas en el trabajo. Te invito a registrarte gratuitamente a nuestro boletín para que no pierdas las actualizaciones de este blog.

Psicólogo Renzo Ängel
rbenvenuto@doctor.com